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3 pasos para un equipo de alto rendimiento

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¿Quieres ayudar a tu equipo a convertirse en un equipo de alto rendimiento? Es sencillo y también laborioso, pero con constancia y coherencia, lo conseguirás. Te presento unos pasos superbásicos para conseguirlo:

¿Cuál es el punto de partida y la situación actual? 

Haz un análisis detallado del estado del equipo. Establece las preguntas clave y mantén una conversación one-to-one con cada uno de los miembros, con especial foco en una escucha activa, sin juicios y opiniones. 

Asegúrate de terminar el análisis con un detalle de los principales problemas detectados, a nivel equipo y organización. 

¿Cuál es el punto de destino para nuestro equipo? 

A menudo tenemos ideas abstractas en mente y no acabamos de bajarlas a la realidad. ¿Cómo debería comportarse ese equipo de alto rendimiento ideal al que aspiramos? ¿Cómo sería su entorno y su manera de trabajar?

Define y pon en papel las expectativas y resultados deseados. 

¿Cómo vamos a llegar del punto de partida al punto de destino? 

Una vez tenemos claros los objetivos para nuestro equipo, toca ponerse manos a la obra. Lleva los problemas detectados al equipo y facilita la comunicación durante una reunión o taller para que las posibles soluciones puedan proceder de los propios integrantes. ¿A que a menudo tú mismo sabes lo que debes hacer en tu vida, pero no acabas de ponerte a ello? El equipo también lo sabe.

Según los retos que el equipo deba afrontar, es posible que necesitéis varias sesiones de trabajo; por tanto, agenda y facilita las reuniones necesarias para definir en ellas los puntos de acción y compromisos acordados. Recuerda asignar responsables y fechas límite para las acciones que pongas en marcha. 

Haz seguimiento de las acciones acordadas a través de las retrospectivas. En agilidad, las retrospectivas son ceremonias utilizadas para que los equipos reflexionen sobre su forma de trabajar y promover la mejora continua. Es una práctica excelente para cualquier equipo de trabajo (o persona), dado que hace una revisión de un período y se reflexiona sobre lo que ha ido bien (celebrar los éxitos) y lo que podemos mejorar, sacando acciones y compromisos al final de la sesión. Si no las usas, ¡pruébalo y verás!

Por último, recuerda la importancia de los objetivos bien medidos y formulados. Todos los equipos pueden medir su rendimiento y si los objetivos no tienen unos KPIs (indicadores) claros, no seremos conscientes de los avances reales y podemos conducirnos a la frustración y el fracaso. 

Ahora toca ponerse a trabajar, te aseguro que con objetivos claros, propósito y un buen acompañamiento, ¡tu equipo va a despegar! ¡Disfruta el viaje!